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Arquitectura en BA: Palacio Fernández Anchorena

9 de Marzo de 2023

El imponente edificio de la Av. Alvear que hoy funciona como nunciatura apostólica resalta no solo por su belleza arquitectónica, sino también por su curiosa historia.

Cerca de la oficina de Toribio Achával en Recoleta se encuentra el Palacio Fernández Anchorena. Si bien es una de las obras más imponentes de arquitectura de Buenos Aires, su historia es sumamente interesante, desde su construcción hasta su actual función como nunciatura, la casona recopiló muchos momentos anecdóticos y vio pasar a muchas personas importantes.

Juan Antonio Fernández y Rosa Irene de Anchorena estaban establecidos en París cuando ordenaron la construcción del palacio, que tomaría por nombre el apellido familiar. La encargaron a la distancia, contrataron al famoso arquitecto francés Édouard Le Monnier para que hiciera los planos y luego, compraron todos los muebles y adornos en tiendas parisinas. Sin embargo, nunca llegaron a conocerla. A raíz de un problema de salud de Juan Antonio, nunca regresaron a Buenos Aires y aunque sus hijos sí la visitaban, dormían en el Hotel Plaza, intimidados por la vastedad de la propiedad. 

Como en La bella y la bestia de Disney, la casa quedó congelada en el tiempo y funcionó durante 13 años sin propietarios, habitada únicamente por los empleados del personal doméstico. Recién en 1922, un amigo de la familia Fernández Anchorena decidió alquilarla para vivir allí. Marcelo Torcuato de Alvear, hasta ese entonces embajador de Argentina en Francia, desembarcó en Buenos Aires como el nuevo Presidente de la Nación. Dado que había estado viviendo en París, a su llegada se encontró con la necesidad de buscar un lugar dónde vivir. Es así como, en octubre de 1922, el palacio Fernández Anchorena se convirtió en Residencia Presidencial. Alvear y su esposa, Regina Pacini, vivieron en esta casa durante aproximadamente un año, hasta que se mudaron a Belgrano. 

Pero no fue hasta la llegada de su segunda inquilina que la casa realmente cobró protagonismo. Adelia María Harilaos de Olmos era la viuda del ex gobernador de Córdoba, Ambrosio Olmos, y una verdadera socialité argentina. Alquiló la casa en 1925 y se mudó justo el día en que el príncipe de Gales arribaba de visita a Buenos Aires. Entonces, decidió invitar a la esposa del Presidente y a las esposas de todos los ministros a observar la comitiva del príncipe desde su casa. Desde ese entonces, el palacio se convirtió en uno de los epicentros de la vida social de la clase pudiente argentina donde se celebraban magníficos bailes. Sin embargo, Adelia es más recordada por su labor filantrópica: se le reconocen 42 obras solidarias entre las que se encuentran la construcción de templos, escuelas, asilos y comedores que le valieron ser la Presidenta de la Sociedad de Beneficencia en dos ocasiones. Además, muchas de sus obras estaban destinadas a las mujeres, con las que tenía un buen trato: las visitaba y las aconsejaba. También tuvo una estrecha relación con la Iglesia: recibió al Papa Pio XII en su casa y fue nombrada Marquesa Pontificia por sus labores benéficas. Se estima que vendió 280.000 de sus 300.000 hectáreas para solventar sus acciones filantrópicas. 

Antes de su muerte, le donó el palacio, su propia casa, a la Iglesia. Cuando ella falleció, en 1949, se estableció en el edificio la Nunciatura Apostólica. El palacio albergó al papa Juan Pablo II en sus dos visitas a la Argentina y, en la actualidad, es la residencia oficial del nuncio en nuestro país. 

Sin duda este magnífico edificio que sigue en pie en la misma Av. Alvear al 1637 es un emblema de la Belle Époque argentina que alberga muchos años de historia y el recuerdo de una de las mujeres más influyentes de la sociedad argentina de aquel entonces.

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